Lucía Morales, psicóloga en la Ciudad de México, siempre creyó que todo tenía una explicación. El miedo era trauma. Las coincidencias, sugestión. Los sueños, símbolos.
Hasta que el reflejo parpadeó antes que ella.
Un mensaje sin remitente comienza a advertirle sobre decisiones que aún no ha tomado. Una paciente sueña exactamente lo que Lucía intenta callar. Los espejos dejan de obedecer con precisión perfecta. Y lo que parecía un simple episodio de estrés se convierte en algo más inquietante: una fractura en la percepción del tiempo.
