Hace más de 4.300 años, un niño subió al trono de Egipto.
Se llamaba Pepi II Neferkara y gobernó más tiempo que cualquier otro faraón hasta entonces.
Los textos oficiales nos dicen cuánto reinó.
Pero no explican por qué.
Existe, sin embargo, un documento real:
La célebre carta del explorador Harkhuf, conservada por la egiptología, en la que informa al joven faraón de una expedición al sur, cargada de mirra, oro, ébano… y de la captura de un pigmeo traído de tierras lejanas.
El faraón respondió con entusiasmo, ordenando que aquel hombre pequeño llegara vivo, protegido y con todos los cuidados.
