Maestrito de escuela es la crónica íntima y épica de un destino humilde convertido en llama. José Refugio, con una voluntad de hierro, caminó senderos de polvo para sembrar letras en la mente de los niños olvidados por la historia. Su epopeya no se mide en victorias ruidosas, sino en manos infantiles que, por primera vez, se atreven a escribir su nombre.
Su viaje no fue hacia palacios ni hacia tierras lejanas, sino hacia las aldeas olvidadas, donde la infancia crecía sin voz ni escuela. Allí, con un cuaderno gastado bajo el brazo y una tiza como única herramienta, José Refugio levantó trincheras de esperanza. Cada palabra que un niño aprendía a escribir era una victoria contra el silencio; cada aula improvisada, un acto de resistencia frente al olvido.

