En algún punto del tiempo, cuando la humanidad creyó haber dominado su destino, nació un proyecto imposible: comprender por qué los seres humanos insisten en sufrir, amar, fallar y volver a intentarlo. A ese proyecto lo llamaron Arquitectura del dolor.
El protagonista despierta en una cápsula olvidada dentro de una caverna. No recuerda quién es. No reconoce el cuerpo que habita. Solo percibe fragmentos de memoria: el aroma del café en la mañana, el murmullo de una ciudad llena de desconocidos, el peso de una vida que parece haber pertenecido a otro. Frente a él, grabada en una máquina imposible, aparece una fecha absurda: 1897.
Pronto descubre que no es un viajero del tiempo.
Es una conciencia implantada en un cuerpo humano del pasado.
