En una Colombia que aprende a nombrar sus heridas, Ernestina –Tina– nace en el Tolima con un don: domar sin herir. Primero a los caballos; luego a las telas. Entre 1929 y 1979 su vida atraviesa guerras políticas, ciudades en transformación y el brillo engañoso de los negocios fáciles. De la hacienda al taller de alta costura en Ibagué, de la gira comercial al exilio doméstico, del Guatapurí de Valledupar al Magdalena de La Dorada, Tina defiende lo único que no se empeña: la conciencia.
Su amor con Alfonso florece a contracorriente. Él, hombre de servicio y vocación pública; ella, mujer de aguja y ética. Pero la sombra de Viernes—socio carismático y corrupto—y la altivez herida de Inés traman un despojo silencioso: cartas que no llegan, firmas a oscuras, negocios liquidados.
