«Hay amores que no caben en una sola vida, y esperan otra orilla donde volver a encontrarse.»
Aura nunca imaginó que un encuentro casual en un país, tropical en 1984 cambiaría su vida para siempre.
Él, Ciro apareció como un destello en medio de la rutina: una mirada cómplice, una sonrisa compartida, una conversación que parecía recordarse de otra existencia. Lo que comenzó como una coincidencia se transformó en un idilio lleno de risas, aventuras bajo el sol, confidencias bajo la lluvia tropical y momentos de pura complicidad.
Ambos sabían, desde el principio, que aquel amor tenía los días contados. Los compromisos de la vida, el peso de los destinos ya trazados, y la fugacidad del tiempo los obligaban a vivir intensamente cada instante, como si fuera el último.
En su romance cabía la inocencia de dos adolescentes y la pasión de dos almas que se reconocían más allá del presente.
La despedida llegó bajo un atardecer ardiente, cuando el cielo y el firmamento se convirtieron en testigos del adiós. Aura quedó con el eco de una promesa: “Un día volverémos a encontrarnos quizas en otra vida”. Y en la mañana siguiente, cuando él partió, comprendió que debía guardar en palabras lo que su corazón no podía dejar morir.

